QUE NO ME SIGAN LOS BUENOS

En la intrincada red relacional que hemos tejido para nuestras sociedades, distinguimos fácilmente, dos tendencias de comportamiento : Competencia y Cooperación.

Esta última, va a tono con el cambio de época que nos lleva de una economía centrada en lo tangible – productos como el oro, petróleo y similares- a otra organizada alrededor de lo intangible – cultura, conocimientos, relaciones -.

La cooperación se da en diferentes términos : cuando existe una compensación                -adecuada o no- para el contribuyente y cuando la persona no participa en el esfuerzo cooperativo pero hace uso de los servicios o consume los bienes producidos.

Estas conductas, dan vida a personajes con valores opuestos, como la generosidad y el egoísmo. Es de suponer que la sociedad acepte al que aporta y rechace al que sólo recibe. Pero los humanos somos mucho más complejos que eso.

Las investigaciones de Craig Parks y Asako Stone en el año 2010, confirman que el ser humano tiende a tolerar poco a los “benefactores” y lo explican a través de dos motivos : La Autoevaluación y la percepción del Desvío de la Norma.

En el primer caso, el rechazo de la persona en exceso generosa, atiende a la opinión propia poco favorable que nos genera, lo rechazamos para no sentirnos mal o menos.

Ampliando la idea, ello ocurre porque la presencia de alguien tan desprendido en un grupo, hace que el resto efectúe una comparación personal y se autoevalúe como egoísta. Imposible no hacerlo, frente a quien entrega sin recibir nada a cambio.

En el segundo caso, las normas de convivencia juegan un importante papel. Tácitamente se acepta que quien no las cumpla, sea penalizado. Así, quien contribuye y no se beneficia en igual medida, es percibido como alguien que se desvía de la norma.

Este castigo al generoso, obedece a la suspicacia que nos despiertan las conductas inusuales, aun cuando claramente nos beneficien o a la sociedad. ¿Qué pensaríamos de alguien que ofrece su dinero, tiempo y no espera retribución por ello?

En el caso anterior, se aplica el Desvío de la norma, prejuzgamos a quien actúa diferente y al acto mismo, como si se tratara de alguna estrategia para alcanzar fines escondidos bajo una careta positiva y limpia.

Aun cuando nos asista un leve remordimiento de conciencia, sospechamos incluso de nuestro entorno más confiable. Es así, las redes no callan y hay de todo como en botica. Somos complejos hasta para recibir sin que nos pasen la factura.

Quizá la nueva época amerite un cambio de paradigma, abrir la mente y el corazón.

Quizá debamos asumir que, de vez en cuando, los demás también juegan a ser héroes.

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