COLLECTIVE AND CONNECTIVE SOUL

Típica pregunta de reencuentro y café :

– ¿Y, en qué andas?

  • Creo (del verbo CREAR)

– Ah, ya , si pero… ¿qué haces? ¿en qué rubro estás?

(Vamos que yo también CREO, todos lo hacemos ¿verdad?)

– Soy Creativo – enteramos al otro, desmesuramos los ojos y nos repantigamos en el término que en ese momento, abandona su condición de adjetivo para convertirse en la descripción de nuestro mundo, aquel donde TODO LO HACEMOS POSIBLE.

Tiempo atrás, la palabra Creativo mitificaba a una especie de héroe, capaz de salir airoso de la más enrevesada situación, con la simple ayuda de su ingenio y aquella suerte de aura sagrada que elevaba su estatus por encima de los mortales menos avituallados.

Publicistas, maestros, artistas, estrategas y demás humanos que le ganamos a la vida pensando, podríamos ser fácilmente acusados de un ego bastante subido de peso y apropiarnos de un calificativo que calza perfectamente a cualquier actividad y persona.

TODOS SOMOS CREATIVOS! proclaman las redes sociales, los medios, el collective soul y todo ciudadano interesado en aplicar al título. Y tienen razón. Aquella herramienta poderosa, rompe barreras y elabora circuitos en un inmenso cerebro común.

Para hacer más incómodo el banquillo de acusados, la revolución de la información nos concientiza de que sólo podemos crear a partir de combinar elementos en los que han intervenido antes otras “mentes brillantes” y los procesos que le dieron génesis.

A menos que padezcamos de criptomnesia -aún así, el plagio involuntario es válido para los fines – la voz del defensor sostiene que el talento creativo se desarrolla en ejercicio comunitario y sin privilegio de espacios. El Poder está ahí y es de quien lo toma.

El mito del genio, persiste en nuestra sociedad que necesita darle rostro, voz y apellido a ideas, caminos y soluciones. Las tendencias de comunicación de este siglo y la tecnología han masificado la idea de autor llevándonos del solipsismo al consensualismo.

El tiempo y recursos utilizados al competir internamente, se diluye. La creatividad cooperativa genera en cambio, rentabilidad, satisfacción y posibilidades. Los modelos actuales, multidisciplinarios se han vuelto inclusivos.

Este mundo económico ideal sin embargo, tiene su distopía en el sobrepeso del héroe : el ego y el hecho, muy realista, de reconocer que ser parte del proceso y no el autor absoluto, nos empuja del tablón al mar, ya que nuestro valor en la calle es nuestra carpeta.

La motivación más potente para un ser humano, es sentir orgullo por lo que hace.       Ser El Autor es un privilegio al que cuesta renunciar, aunque el corazón y la mente curiosa, necesitan aprender y en todo caso, para un creativo, el estímulo es vital.

El intercambio enriquece y la creación colaborativa te reta, divierte y te vincula a la gran mente universal. Si, la misma colaboración que un día nos sacó de las cavernas, nos hace parte de un proceso en el que la integración no es sinónimo de despersonalización y del que no existe regreso … sin gloria.

Hacia allá apunta la proa del Siglo XXI.

En China, la palabra ocupado consta de dos partes, una simboliza el corazón humano y otra la muerte. Si estamos extremadamente atareados es como si no viviéramos. No gozamos el presente. No nos damos tiempo de sentir ni sentirnos.

Hacer un trabajo en conciencia plena, con pasión y prestando atención a nuestra satisfacción interior. Tomar conciencia de que somos parte del alma del mundo es hacer nuestra la idea de estar conectados universalmente, más allá de lo místico y del negocio.

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